ITES Restauración es una empresa con más de quince años de experiencia en el campo de la restauración. Está dedicada a la Conservación, Restauración y Rehabilitación de bienes del Patrimonio Histórico Artístico, centrándose en bienes inmuebles y monumentos de interés cultural, además de abarcar también la Conservación y Restauración de muebles, obras de arte y antigüedades.

 

ALGUNAS ACTUACIONES:

Retablo Mayor de Parroquia de los Dolores

RETABLO MAYOR DE LA PARROQUIA DE DOLORES (ALICANTE)

Se trata de un retablo de la posguerra hecho con mampostería y escayolas, pero digno e integrado en una iglesia del XVIII, de las Fundaciones del Cardenal Belluga.

Su estado de conservación era preocupante debido, sobre todo, a la humedad que no solo había afectado a la decoración, si no a la propia estructura. Se consolidó las columnas y resto de la obra, y se protegió y restauró la decoración pictórica, en la medida de lo posible. Los dorados se rehicieron con oro de ley con la técnica al agua.

Se intervino en el resto del presbiterio para dar unidad y dignidad a la obra.

Antecedentes

Arco-Estado-inicialCornisa-Estado-inicialEl Retablo Mayor de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Dolores (Alicante), es una obra de la posguerra española, que vino a sustituir al primitivo retablo del XVIII, obra pictórica sobre tela, adosada a la pared, del que no quedaban más que referencias históricas y algunas de las tachuelas que lo sujetaban.

El actual retablo fue concebido al modo de retablo arquitectónico, dentro de la estética dieciochesca del levante español, para enmarcar la hornacina que se abre al camarín de la titular de la parroquia, Nuestra Señora de los Dolores. Realizado en el año 1940 con mampostería y escayola, fue decorado con pintura, marmoleados y dorados en 1953. La mampostería da cuerpo al retablo y sirve como portante de la decoración de escayola.

Sus líneas son clásicas en general, con alguna licencia por parte del artista que lo proyectó, sin llegar a romper la estética general del barroco dieciochesco de la iglesia parroquial. Se puede decir que es un retablo integrado en el contexto barroco de la arquitectura de las Pías Fundaciones, aunque no se puede hablar de purismo en su diseño.

En cuanto al estado de conservación, presentaba unos problemas graves estructurales que afectaban al menos a cuatro de las seis columnas, que por ser las partes de escayola, eran las más frágiles, ya que no tienen una función arquitectónica sino simplemente decorativa. El tercio inferior de las mismas, la parte más decorada, es la de menos grosor de la escayola, por lo que la entrada de humedad, tan presente en la iglesia de Dolores, propició el vencimiento de las mismas por esa zona, con el consiguiente descuelgue del fuste con respecto al capitel, y la inclinación amenazante de las columnas. Parte de estos problemas estructurales fueron motivados también por el asentamiento de la obra, que siempre produce grietas y pequeños descuadres.

En cuanto a la parte decorativa, podemos distinguir lo que son los dorados de la policromía del retablo. En cuanto a los primeros, los dorados, el retablo tiene profusión de elementos con pan de oro, que se presentaban sumamente dañado, alterado, escamado y desprendido. La alteración y oxidación era evidente, y constatamos que no era ni pan de plata corlada, como es el tratamiento original en el resto de la iglesia, ni pan de oro, sino oro metal (oro falso), lo cual explicaba el cambio de coloración y la oxidación verdosa que presentaba en la inmensa mayoría de la superficie. La humedad recibida por el retablo hacía prácticamente inviable la conservación de ese oro, y ello unido a su baja calidad (no era propiamente oro) aconsejaba su sustitución por oro de ley.

Lógicamente la humedad no solo había afectado a los dorados. La totalidad de la policromía que cubre el retablo, se encontraba en similares circunstancias. A ello habría que unir la suciedad adherida al retablo, bien como polvo, como restos orgánicos, grasa, etc.

La pérdida de cohesión de la policromía era patente, presentando exfoliaciones, perdidas de adherencia y cohesión, abundantes lagunas…así como alteraciones de la policromía, craquelados, pérdidas volumétricas y grietas. Encontramos zonas en las que peligraba la totalidad de la policromía, y no solo en zonas más expuestas a la humedad, sino en grandes zonas de las columnas, el fondo del retablo, el fondo decorado del ático…

Se hizo un seguimiento fotográfico del estado del retablo y su proceso de restauración en cada una de sus fases.

Metodología

Estructura

Primeramente se atendió a los problemas estructurales que presentaban las columnas, con la intervención de un arquitecto y un técnico en modelado y escayola, que primeramente aseguraron las columnas para evitar su pérdida, para posteriormente crear unas vías de acceso al interior de las mismas para poder inyectar escayola, resinas y reforzar su estructura. Con este delicado procedimiento se consiguió dar fuerza a las propias columnas y atenuar, o disimular, la inclinación irreversible de algunas y la ya mencionada separación de los capiteles y el movimiento o giro sufrida por varias.

En una fase temprana hubo que retirar viejas instalaciones eléctricas, aislantes, infinidad de clavos y tornillos, ya que el retablo había sufrido diversas intervenciones desafortunadas en la instalación de iluminaciones u otros elementos a lo largo de su historia.

Consolidación

Para la consolidación de la capa sobre la que se asienta los dorados y la policromía se usaron colas animales, en el primer caso, y resinas acrílicas en el segundo, compatibles con el policromado posterior.

Así mismo también usamos estucos preparados para el sellado y rellenado de grietas y las pérdidas volumétricas que presentaba la obra.

No tuvimos que recurrir a la realización de moldes, como en un principio se pudo pensar, pero si reconstruimos las partes faltantes de importancia como el caso de los dedos del Cristo. En el caso del zócalo si se han añadido unas molduras y un almohadillado en la zona central para asemejarlo a el resto.

Limpieza

Se limpió toda la superficie del retablo, para lo cual se emplearon medios mecánicos y químicos, según las partes. Los químicos fueron esencia de trementina, disolvente nitro celulósico, y ocasionalmente un tensativo de ph neutro en zonas de mayor valor de la policromía, como en el caso del Cristo, y dónde lo hacía aconsejable las características morfológicas de la pieza.

Hubo que retirar grandes cantidades de polvo y suciedad en general, acumulado en el retablo e incluso restos de material de la época en que se realizó en retablo, así como limpiar grasas y suciedad adherida a la policromía. También reseñar los restos orgánicos generados por pequeños animales y por los humos de combustión de velas, etc.

Dorado

Dada la escasa antigüedad del retablo, y la pobreza de los elementos con que fue decorado, se optó por la sustitución total del oro falso por oro de ley de 22 quilates. Se desechó la posibilidad de poner pan de plata, ya que ésta se oxida con facilidad y siendo el lugar más noble de la iglesia, el presbiterio, es frecuente la utilización de materiales más nobles que en el resto del templo.

Primeramente, descartada su posible conservación y ante la imposibilidad de recuperarlo, se retiró el oro falso y se rellenaron grietas y volúmenes perdidos. Para ello se empleó desde escayola y masilla preparada, hasta estucos a base de carbonato cálcico y cola animal. Con ello se creó la base para la aplicación del dorado al agua.

Se limpió toda la superficie que iba a ser dorada, retirando también suciedad y restos grasientos, así como todo aquello que impedía la adherencia de la imprimación mencionada con estuco con cola animal. Para ello se dieron unas manos primeras de cola animal para endurecer la superficie y hacerla receptora del estuco de dorado.

Hay que señalar que en la base o zócalo del retablo, debido a que este es de cemento, se tuvo que usar una imprimación con resina sintética, muy porosa, sobre la que poder fijar la imprimación de estuco a base de cola animal, que de por si no se adhiere al cemento.

Con el carbonato cálcico y la cola animal se dio la imprimación necesaria a la superficie a dorar, con una media de cinco manos, según las necesidades de la superficie a dorar, con una proporción de cola en descenso según las capas. Seguidamente se lijó toda la preparación hasta dejar la superficie perfectamente fina. Para ello se emplearon lijas en creciente finura.

Posteriormente se aplicó la media cola, también de origen animal, y en la proporción adecuada, para endurecer la capa de preparación y posibilitar la aplicación del bol y el posterior bruñido del oro.

Sobre esta superficie se dieron hasta cuatro manos de bol, cada mano con la concentración de cola pertinente. Seguidamente se alisó y eliminaron imperfecciones con estropajo de esparto y pinceles especiales de pelo muy corto (perrillos).

Sobre el bol se aplicó el oro de 22 quilates con la técnica al agua. Siendo esta fase la que resultó más trabajosa y delicada de todo el dorado.

Una vez dorado y reposado se bruñó el oro con piedras de ágata, principalmente las partes externas, para dejarlo más brillante, dar más volumen, y dar impresión de mayor consistencia al oro, acentuando el contraste con las partes no bruñidas o no doradas.

En las partes más expuestas o con mayor posibilidad de desgaste, se aplicó sobre el oro resina paraloid en proporciones bajas, para que no disminuyera el brillo y vistosidad del oro, y al mismo tiempo lo proteja.

Los dorados fueron realizados por la empresa Art i Restauracio de Algemesi.

Reintegración

Concluidas las fases anteriores atendimos a la policromía del retablo. Para lo cual se valoró, al igual que en los dorados, el valor histórico y artístico de la policromía original y la conveniencia de su conservación. De manera que se procedió conservando solo las partes más artísticas, caso de la decoración de fondo del ático del retablo y del Cristo, y se optó por policromar de nuevo el resto, tanto por su pésimo estado de conservación como por el escaso valor de la misma.

Se emplearon colores iguales o tendentes a los originales, teniendo en cuenta que por la escasa calidad de los originales y las condiciones ambientales y de conservación, estos colores estaban muy alterados y en general habían torcido hacia colores más oscuros y verdosos.

Los pigmentos utilizados fueron elegidos por su durabilidad, para lo cual optamos por materiales con resinas sintéticas que faciliten la adherencia y la conservación.

Se intervino sobre la pared de fondo, aunque no era parte del retablo. Precisamente para destacar el retablo y marcar la diferencia entre el mismo y la obra en si del edificio. También se pensó en dar unidad al presbiterio, por lo que se policromó del mismo modo que el resto de paredes del presbiterio y de toda la iglesia.

Allí donde la policromía era plana se mantuvo la misma, y en los marmoleados se recrearon unos de mayor calidad artística y más acordes con una decoración dieciochesca, sin crear la impresión de un falso.

Se atendió a los problemas estructurales del zócalo y se rehízo su volumen, así como se consolidó y policromó con marmoleados, para dar una mayor legibilidad al conjunto del retablo.
Crucifijo

La pieza del Crucifijo tuvo un tratamiento independiente. Se trata, contrariamente a lo que en un principio se pensaba, de un Cristo y cruz de escayola y contemporáneo al retablo, con un valor artístico limitado.

Su estado de conservación era similar al retablo, aunque sin la intensidad de los daños del mismo, destacando la pérdida de varios dedos, suciedad superficial de polvo y grasa, lagunas dispersas de policromía, pérdida de cohesión de la mencionada policromía y alteración en algunos casos. La policromía no estaba muy acabada ni es de gran calidad.

Se procedió a la fijación de la policromía con aplicación de resinas reversibles, en algunos casos, a base de agua en proporciones bajas (inferiores al 10%), como consolidante. Seguidamente limpiamos la superficie del mismo con esencia de trementina y disolvente nitro celulósico en bajas proporciones. Se rehízo la volumetría de los dedos aplicando estucos con resinas sintéticas y se nivelaron las zonas que fueron necesarias.

Para la reintegración cromática empleamos témperas y colores al barniz en la fase final y se protegió la obra.

Protección final

Optamos por no barnizar el retablo, ya que los materiales utilizados no lo requieren por las resinas sintéticas utilizadas, y por propiciar, en la medida de lo posible, la transpiración del mismo retablo, por ser la humedad un enemigo sustancial del mismo, y que se encuentra muy presente en la iglesia de Dolores.

Ya explicamos anteriormente la protección que se le ha dado a los dorado, siendo esta la indispensable, evitando que distorsionara el brillo y contraste de un oro de 22 quilates que es el utilizado en esta obra.

Hemos de constatar que se realizaron las tareas de restauración y policromado de todo el zócalo del presbiterio, así como la restauración y plateado y corlado de la decoración en escayola de las portadas de acceso tanto a la capilla de la Comunión como a la Sacristía. Así mismo se doraron y policromaron las cuatro peanas nuevas del crucero de la iglesia. Todas estas tareas fueron hechas para devolver al presbiterio su aspecto original, en la medida de lo posible.